Comprendiendo el dolor

El dolor es una experiencia compleja que no depende únicamente de una lesión. Es una experiencia sensorial y emocional que cumple, en muchos casos, una función protectora. Sin embargo, no siempre indica que exista un daño activo en el cuerpo.

De forma simplificada, podemos diferenciar tres grandes mecanismos de dolor. Comprenderlos nos ayuda a enfocar mejor el tratamiento y a entender qué está ocurriendo en cada persona.

 

  • Dolor nociceptivo

Se produce cuando existe daño o inflamación real en los tejidos (articulaciones, huesos, músculos, ligamentos…).

En este caso, el dolor actúa como una señal de alarma protectora frente a una agresión tisular. Su función es avisarnos para que protejamos la zona y facilitemos la recuperación.

Características:

  • Dolor localizado.
  • Aumenta con el movimiento o la carga.
  • Mejora conforme el tejido se recupera. 

Algunos ejemplos son: Fracturas, esguinces, tendinitis y  artrosis

En este tipo de dolor, el abordaje suele centrarse en favorecer la recuperación del tejido, controlar la inflamación y reintroducir progresivamente el movimiento.

 

  • Dolor neuropático

En este caso, el origen está en una lesión o enfermedad del sistema nervioso, ya sea a nivel periférico o central.

El nervio no solo transmite información: cuando está dañado, puede generar señales de dolor alteradas.

Características:

  • Sensación de quemazón.
  • Hormigueo.
  • Descargas eléctricas.
  • Dolor punzante.
  • Posible pérdida de sensibilidad.
  • Alteraciones en la percepción táctil (dolor ante estímulos que normalmente no duelen).

Algunos ejemplos:

  • Hernia discal con afectación nerviosa
  • Neuralgias
  • Neuropatías periféricas
  • Dolor post-ictus (tras un Accidente cerebrovascular)

En estos casos, el tratamiento no se centra en el músculo o la articulación, sino en modular la función del sistema nervioso.

 

  • Dolor nociplástico

Aquí no existe una lesión tisular activa ni una lesión nerviosa clara que justifique la intensidad del dolor.

El problema está en el procesamiento y modulación del dolor a nivel del sistema nervioso. El sistema nervioso se encuentra más sensible y amplifica las señales, generando dolor incluso ante estímulos leves o sin estímulo aparente.

Es como si el “volumen” del sistema de alarma estuviera demasiado alto.

Características:

  • Dolor persistente.
  • Puede cambiar de localización.
  • Hipersensibilidad al tacto o a la presión.
  • Fatiga asociada.
  • Impacto emocional significativo.

Ejemplos: Fibromialgia y dolor lumbar crónico.

En estos casos, el abordaje se centra en regular, modular y reeducar al sistema nervioso, además de trabajar aspectos como el movimiento gradual, la educación en dolor, el sueño, el estrés y la participación en actividades significativas.

 

Entonces… ¿Qué es lo más importante?

Identificar el mecanismo predominante es clave para realizar un abordaje adecuado.

No siempre se trata de “reparar” un tejido sino que en muchos casos, se trata de modular, regular y reentrenar al sistema nervioso.

Y aquí es donde la rehabilitación neurológica tiene un papel fundamental:

  • Recuperar el movimiento de forma progresiva y segura.
  • Disminuir el miedo al movimiento.
  • Reintroducir actividades significativas.
  • Trabajar la función, no solo el síntoma.
  • Empoderar a la persona con información clara y basada en evidencia. 

Sentir dolor no siempre significa que exista daño. Y que el dolor sea persistente no significa que no tenga solución.

Comprender el dolor es el primer paso para abordarlo de forma adecuada.

 

Otras dudas

Para conocer más sobre el dolor, puedes mirar nuestro post sobre Dolor en patología neurológica, y para cualquier otra consulta que te pueda surgir, no dudes en escribirnos a info@centropenta.es o llamarnos al 609277347.