Actualmente, la Esclerosis Múltiple no tiene cura, pero existen múltiples tratamientos que permiten reducir brotes, controlar la inflamación y ralentizar la progresión de la enfermedad.
Durante un brote, se utiliza un tratamiento de corticoides para disminuir la inflamación. Esto permite reducir el área lesionada y favorece una recuperación más rápida.
Según el tipo de EM y dependiendo de la sintomatología, se pueden prescribir fármacos como medicación habitual que reducen la frecuencia y gravedad de los brotes, o ralentizan la progresión en formas primarias o secundarias progresivas.
Además, actualmente el trasplante de células madre es una línea de investigación prometedora, aunque los resultados aún no han arrojado suficiente información como para permitir su uso habitual.
El tratamiento conservador, además incluye la terapia física y la neurorrehabilitación como herramientas fundamentales para:
- Mantener la fuerza muscular
- Mejorar la marcha y el equilibrio
- Reducir el dolor y la espasticidad
- Mantener la independencia funcional
- Prevenir complicaciones secundarias
El enfoque multidisciplinar suele ser el más efectivo, incluyendo no solo fisioterapia, sino también terapia ocupacional. Se recomienda también la realización de psicología, ya que al ser una enfermedad degenerativa puede producir inquietud e incertidumbre que lleven a malestar emocional. Además, las placas de desmielinización pueden afectar al área frontal del cerebro, encargada de procesos de comportamiento, por lo que buscar un neuropsicólogo será de vital importancia.
En muchos casos, también se pueden ver afectadas las áreas encargadas del habla y la deglución, por lo que un logopeda que conozca la evolución y complicaciones de la EM es muy recomendable para prevenir dificultades durante las comidas principalmente.
Sin embargo, aunque no exista cura, con todos los tratamientos vistos anteriormente, es posible frenar el avance de la enfermedad. Gracias a los avances actuales, muchas personas con EM logran reducir la frecuencia de brotes, mantener su autonomía durante más tiempo, mejorar su calidad de vida y retrasar la progresión de los síntomas, pero todo ello dependerá del tipo de EM, de la rapidez del diagnóstico y de la adherencia al tratamiento.
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